La eternidad de la crónica deportiva tiene un nombre: Tomás Troncoso

El legendario comentarista deja una pesada estela por medio siglo de influencia mediática

Un legado para la eternidad. Su influencia fue tal, que para la inmensidad nacional Tomás Troncoso le puso el tono al deporte, porque su trajinar tuvo tentáculos que afectaron todo el espectro, más allá de su furibunda pasión: el béisbol.

Tomás Miguel Altagracia Troncoso Cuesta, de tan extensiva influencia como su nombre, marcó la impronta en la actividad del cuerpo y la mente, con sus convictos juicios, que le ganaron una legión de seguidores en los de a pies como la alcurnia, con su voz inconfundible y sabiduría multifacética.

“Don Tomás fue mi gran inspiración y de toda nuestra generación. Yo trabajé junto a él por más de diez años, y profesionalmente marcó mi vida”, afirmó Mario Emilio Guerrero, quien por años hizo de comentarista en la pelota de invierno en varios equipos.

Troncoso también imantaba por la carismática manera de exponer sus criterios, siempre dando espacio a la controversia, máxime cuando se trataba de “enjuiciar” toda maniobra, estrategia y jugada implementada por “sus” Tigres del Licey, y en grandes ligas los Cardenales de San Luis.

 “Clutch” en las transmisiones

Pero Tomás, el referente obligado de los fanáticos en cualquier rincón por recóndito que fuese, igualmente enamoraba por su aguda visión en otros deportes, como la Fórmula Uno, derramando calidad expositiva sobre los espectaculares Ayton Senna, Alain Prost, Michael Schumacher y demás legendarios en el clímax por medio al “Mundo Deportivo Marlboro”.

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