Ramfis comienza a despertar esperanza entre empresarios que quieren un nuevo rumbo económico
Pequeños comerciantes, productores, mipymes, empresarios consolidados y dominicanos con negocios en el exterior observan con creciente interés las propuestas de Ramfis Domínguez Trujillo ante una economía que crece en las estadísticas, pero cuyos beneficios muchos aseguran no sentir en sus empresas ni en sus bolsillos.
Por Frank cespedes
Hay dos economías dominicanas. Una es la que aparece en los informes, las estadísticas y las comparaciones internacionales. Es una República Dominicana que crece, avanza y se presenta como ejemplo regional. La otra economía es la que se vive detrás del mostrador de un pequeño negocio, en una fábrica, en el campo, en una pyme o en la oficina del empresario que cada mes tiene que encontrar dinero para pagar empleados, impuestos, energía, financiamientos y una interminable lista de costos.
Esa segunda economía está hablando. Y hay que escucharla.
Cada vez resulta más frecuente encontrar comerciantes, productores y empresarios preocupados por el costo de hacer negocios, la presión fiscal, los problemas del sistema eléctrico, el acceso al crédito y una competencia que muchos consideran desigual frente a grupos con mayor capacidad de influencia.
Mientras determinados sectores acumulan extraordinarios resultados, miles de pequeños y medianos negocios luchan silenciosamente por sobrevivir.
En ese escenario comienza a llamar la atención la propuesta política de Ramfis Domínguez Trujillo, presidente del Partido Esperanza Democrática y aspirante presidencial hacia 2028.
No se trata solamente de empresarios establecidos en territorio dominicano. Existe otro gigante económico que pocas veces recibe la atención que merece: el empresario dominicano en el exterior.
Son propietarios de supermercados, restaurantes, compañías de taxis y transporte, agencias de envío, constructoras, comercios y empresas de múltiples sectores. Muchos quisieran invertir más en su patria. Algunos sueñan con regresar definitivamente; otros quisieran establecer aquí una sucursal de la empresa que construyeron con años de sacrificio fuera del país.
¿Qué necesitan?
Confianza. Seguridad jurídica. Electricidad competitiva. Menos burocracia. Igualdad ante la ley. Financiamiento. Un sistema tributario que estimule la producción y, fundamentalmente, un gobierno que comprenda que cuando una empresa crece también crecen el empleo y las oportunidades.
Ahí Ramfis tiene una extraordinaria oportunidad.
Su discurso económico ha colocado sobre la mesa temas que merecen debate nacional: controlar el endeudamiento, racionalizar el gasto público, fortalecer la producción nacional, atraer inversiones y crear mejores condiciones para quienes producen.
Una reducción responsable de la deuda tendría tres consecuencias fundamentales: primero, disminuir gradualmente la presión que representa su servicio sobre las finanzas públicas; segundo, fortalecer la estabilidad fiscal y la confianza de inversionistas; y tercero, liberar en el largo plazo mayores recursos para infraestructura, energía, seguridad, educación y desarrollo productivo.
Pero hay algo todavía más importante.
El país necesita democratizar la prosperidad.
No queremos solamente una República Dominicana donde crezcan los grandes indicadores. Queremos una República Dominicana donde pueda crecer el colmado, el salón de belleza, el agricultor, el taller, la pequeña fábrica, el profesional independiente, la empresa familiar y también el gran inversionista que genera miles de empleos.
El pasado 6 de junio marcó una nueva etapa para Ramfis, cuando comunicó al país que entendía cumplido el requisito constitucional que anteriormente había impedido su candidatura presidencial. Desde entonces, su proyecto tiene por delante el desafío de convertir sus planteamientos en un programa económico concreto, medible y creíble.
Y ahí estará la verdadera prueba.
Si Ramfis demuestra cómo abaratará el costo de hacer negocios, cómo enfrentará los privilegios, cómo mejorará la electricidad, cómo apoyará las mipymes, cómo atraerá el capital de los dominicanos del exterior y cómo manejará responsablemente la deuda pública, puede encontrar un poderoso espacio político entre quienes producen.
Porque algo está ocurriendo silenciosamente.
Hay empresarios buscando alternativas. Hay comerciantes cansados de sobrevivir. Hay dominicanos exitosos en el extranjero pensando en invertir en su patria. Y todos tienen una pregunta en común: ¿quién puede crear las condiciones para que producir, invertir y generar empleos vuelva a valer la pena en República Dominicana?
Ramfis Domínguez Trujillo camina a convertirse en una de las respuestas a esa pregunta.
Y rumbo al 2028, ese puede ser uno de los terrenos donde se decida buena parte de la batalla presidencial.
