Antonio Almonte, revela un ‘pulpo de 2 cabezas’ en las EDES

El gran reto del sector eléctrico nacional no es la generación. Para el ministro de Energía y Minas, Antonio Almonte, lo más lamentable es la distribución, ya que todo lo que se dice sobre la crisis financiera del sector y la mala calidad de los servicios tiene que ver con las empresas distribuidoras.

Según Almonte, la inversión de las tres empresas de distribución eléctrica estaba abandonada, incluyendo que las compras que se hacían en la Empresa Distribuidora de Electricidad del Este (Edeeste) revelaban un “secuestro” de esta entidad.

Estas informaciones dadas por Almonte ya están siendo investigadas por una firma auditora, pero mientras tanto él explica en qué consistía la trama del “pulpo con dos cabezas” de las distribuidoras.

Siempre ganaban
El funcionario manifiesta que las licitaciones y los concursos eran ganados en la mayoría de ocasiones solo por dos empresas. Este “pulpo”, la figura metafórica que utiliza el ministro de Energía y Minas, era uno en el que su primera cabeza tenía siete empresas que pertenecían a él y que concursan en cada una de las distribuidoras en las licitaciones que estas realizaban, pero cada una contaba con un nombre y un registro diferente, pero al final eran las mismas que participaban en las licitaciones.

Almonte señala que a la segunda cabeza del “pulpo” le llamaban “el gigante asiático” y este tenía seis empresas que también participaban en una misma licitación.

“El tema es que eran dos cabezas vinculadas a una misma familia y el administrador de Edeeste formaba parte de ese entramado”, expresa Almonte .

Este entramado, de acuerdo con las declaraciones del funcionario, han generado que las redes de transmisión de baja y mediana tensión sean en la actualidad un desastre.

Sin ofrecer el nombre de la empresa distribuidora, el titular de Energía y Minas destaca que hay una de ellas que según el registro encontrado había comprado 700,000 medidores en los últimos ocho años y esa compañía solo tiene 575,000 clientes formalmente conectados a la red con medidores, por lo que los otros 125,000 no se saben dónde están.

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