Palacio Nacional Dominicano

Por Asela María Lamarche.

Miauuu…
Miauuu…
Uno..Dos..Tres…

¡Dios!

¿De dónde salen todos estos gatitos?-

Pienso, mientras los veo correr por todos lados en el parqueo del Palacio…

-“Hay una gata parida, doña Asela”, – me dice sonriendo el gentil edecán que me acompaña.” Son muchos en verdad, la primera dama Raquel tenia razón, le digo sonriendo .”

Ella es un ángel, hasta comida les trae cuando los ve. Y el presidente por igual, es un hombre bueno, y sencillo. Ambos hablan con todos nosotros de igual a igual. También el señor Paliza y doña Milagros Germán, en verdad se siente el cambio aquí con ellos. Antes, gente de su posición ni nos miraban. Pero ellos no. Nos tratan como gente.

¿Por que los gatos en el Palacio?

¡Ay, doña Asela! Si no fuera por estos animalitos estuviéramos llenos de plagas. El Palacio es muy grande y abierto, y es necesario tenerlos por eso. Siempre ha sido así.

-¿Y es cierto que el fantasma de Trujillo ronda de madrugada por aquí?

-Sí, es cierto, doña Asela.

-¿Y dónde lo ha visto?

-En el área de barbería. En el sillón donde se sentaba Antonio Guzmán, hombre bueno ese.

-¿Qué le dijo Trujillo?

-No habló. Sólo se quedaba ahí sentado, mirándose al espejo, luego me di la vuelta y desapareció.

Sigo caminando por el Palacio… Recorriéndolo… Los gatitos me salen por doquier en los hermosos y cuidados jardines. Se siente diferente. El aire huele a limpio.

Todo está en calma.

El presidente y la primera dama no están.

No saben que venía. No les dije nada.

Quería ver por mí misma los gatos.
Fotografiarlos… En las últimas; horas canallas desalmados pagos, se han dedicado de nuevo a distorsionar algo que Raquel Arbaje dijo.

Con la dulzura e ingenuidad de su alma noble dijo la verdad, que en el Palacio Nacional hay muchos felinos, refiriéndose a los gatitos que mantienen libre de plagas al Palacio.

Hay que ser muy canalla para intentar dañar a un ser humano como Raquel Arbaje.

Pienso mientras veo una luz en la cruz de la capilla del Palacio.

Siento la presencia de Dios en mí.

Un gatito blanco se para a mi lado y me ronronea cariñoso… Luego llegan dos más.

Les digo… pórtense bien y cuídenme mucho a Raquel y a Luis.


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