Menos violencia, más vida
Por Angel Puello
A veces creemos que la violencia es “normal”, que forma parte del paisaje, como el tapón o el calor. Y ahí empieza el problema: cuando la normalizamos, dejamos de enfrentarla con la seriedad que merece. La República Dominicana no está condenada a vivir con miedo, pero sí está obligada a actuar con inteligencia si quiere proteger a su gente, su economía y su futuro.
Una realidad que no se puede esconder: gran parte de la violencia letal tiene un componente armado. Un análisis regional destaca que aproximadamente 65% de los asesinatos se cometieron con armas de fuego y que el flujo de armas y municiones alimenta a redes criminales. Esto no es un detalle técnico; es una pista de por dónde se rompe el ciclo.
Como presidente de la Fundación Todo es Posible, me ha tocado comprobar algo que duele: cuando un niño o un adolescente se queda sin una figura adulta que lo acompañe, aparece la calle con su “oferta” inmediata. He visto muchachos que pierden sus padres o se marchan de los hogares y, en poco tiempo, ya están haciendo mandados, metidos en conflictos o siendo captados por grupos que se aprovechan de la necesidad y la falta de rumbo. Ahí la violencia deja de ser estadística: tiene cara, barrio y familia.
Por eso, hablar de seguridad no puede reducirse a patrullas y operativos. La violencia baja de verdad cuando se combinan cuatro frentes que han probado funcionar en experiencias internacionales exitosas:
- Policía guiada por datos (hot spots) y respuesta rápida real. No es patrullar “a ciegas”. Es concentrar recursos en puntos calientes, horarios críticos y patrones repetidos, con supervisión y evaluación.
- Disuasión focalizada contra los grupos más violentos. No es perseguir a todo el mundo; es identificar a los actores que disparan, extorsionan o controlan territorio, y cortarles la cadena: armas, logística, dinero y protección.
- Control efectivo de armas y municiones. Si el arma está disponible, el conflicto pequeño se vuelve tragedia. Con 65% de homicidios cometidos con armas de fuego, este es un eje innegociable: incautación, trazabilidad, sanción y prevención del desvío de municiones.
- Prevención social que sea seria y sostenida. Escuelas abiertas, deporte comunitario, empleo juvenil, salud mental, mediación de conflictos y programas de “interrupción de violencia” con líderes barriales. Cuando la comunidad siente presencia del Estado antes del crimen, cambia el terreno.
La seguridad verdadera también necesita algo que muchas veces se ignora: confianza. La gente coopera cuando cree. Denuncia cuando cree. Se integra cuando cree. Y esa credibilidad se construye con resultados, con trato digno y con instituciones que rindan cuentas.
Reducir la violencia no es un “tema policial”; es un proyecto nacional. Si el país es capaz de sostener la mejora y llevarla a cada barrio, la ganancia es enorme: más inversión, más turismo, más empleo, más vida familiar y menos duelo. La República Dominicana no tiene que acostumbrarse al miedo. Tiene que acostumbrarse a ganar la paz.
El autor es presidente de la fundacion Todo es Posible
