Lo mejor para el país
Por Aquino Rubio
Todo buen ciudadano, patriota de corazón, fiel en sentimiento y conciencia, siempre querrá y deseará lo mejor para su familia y la patria, porque de lo contrario, el desempeño de su vida no tendrá sentido, morará en el vacío y sus días, al final del camino, solo serán para el arrepentimiento.
República Dominicana es una nación bendecida por Dios, pero con vocación para el sacrificio, el trabajo, la honra y el amor al prójimo, condición que la convierte en víctima permanente de los enemigos envidiosos, de los malos hijos, los traidores y avaros, que buscan en sus entrañas las riquezas, no para protegerlas, sino para explotarlas, usufructuarlas y vivir de ellas eternamente, como rémora en los tiburones.
El mundo vive ahora uno de los ciclos de mayor tensión de la historia y en esta confrontación por el dominio del planeta, las naciones pequeñas, que generalmente dependen de las grandes para el suministro de los bienes e insumos que no producen ni procesan en cantidades suficientes para la supervivencia propia, son las víctimas naturales de sus apetencias, porque están obligadas a adherirse a sus acciones para subsistir.
Este es el gran dilema de los dominicanos, obligados a soportar las maldades, vejámenes, abusos y mentiras de los haitianos, por temor a represalias de sus protectores que ven en el país la única excusa para impedir que emigren a sus territorios y causen los efectos negativos que aquí producen.
Como ejemplos citamos la deforestación, arrabalización, criminalidad, abusos de todas las especies y una cultura religiosa contrapuesta, que tratan de imponer sin una resistencia equilibrada que ayude a preservar nuestros valores propios.
Cumplir este propósito para los gobernantes que hemos tenido en las últimas décadas ha sido difícil, debido a que pesa más el clientelismo político, la fuerza de los partidos y sus colores, que los emblemas de la patria y cuando asumen las riendas del poder, las promesas en ese tenor se olvidan o bajan de tono.
El país necesita lo mejor, que el Gobierno con las instituciones que lo conforman, las entidades privadas, la academia, gremios profesionales y laborales, dediquen tiempo y recursos a la patria con una campaña intensa exaltando los valores de la nacionalidad.
Los símbolos patrios deben despertar en la conciencia de los dominicanos ahora, o será muy tarde.
