De la doble moral y abuso de poder, a la anomia social
Por: Julián Padilla
Desde hace un tiempo observamos el deterioro que nuestra sociedad ha venido padeciendo, un deterioro moral, ético, situacional, y hasta como mecanismo de defensa o una simple venganza popular, que puede alcanzar dimensiones no previstas.
La doble moral de los funcionarios, cuadros y líderes políticos, la enorme cosecha de falta de credibilidad colectiva, abusos de poder, medidas y leyes contrarios al interés popular, que trae como consecuencia la perdida sostenida de autoridad y de institucionalidad, trae de la mano la necesidad popular de: la desobediencia civil, un estado de anomia y el tomar la justicia por sus manos.
El descaro que se ha mostrado en un tono casi burlador de la conciencia nacional suma otros ingredientes, que van haciendo cada vez más explosivo el caldo de cultivo existente. Pero las prácticas abusivas y burlescas observadas, han sido tan frecuentes y tantas que han tocado fibras sensibles de la población. Impotentes hemos llegado a expresar públicamente que tal vez se trata de un Desastre Planeado, esto debido a la gran e inevitable explosión social que estaríamos cosechando.
La violencia da cada vez nuevas demostraciones de ocurrencia, está en nuestros ojos, la gente se ha vuelto más reactiva y mucho menos tolerante, reaccionando con violencia hasta de pequeñas cosas, y prácticamente en un desafío constante a los demás, donde la autoridad que representan un uniforme es lo menos valorado y merecido, esto gracias a que ellos mismos han sido consistentes en sus abusos con la comunidad.
¡Pero piensa positivo! Es interesante el querer distorsionar lo que está a la vista de todos y plantearse confianza plena en las disfuncionales instituciones de la ley y el orden, para entonces promover el descansar en los brazos de Morfeo, mientras la crisis moral, social, ética y la rabia colectiva se masifican y se adueña del pensamiento y el sentimiento popular.
Pero la miopía que proyectamos es tremenda, nos hemos acostumbrado al tema de un populismo galopante, ¡ah las ayudas sociales!, ¡ah la inclusión social!. Mientras está clarísimo que los temas que se debaten en la búsqueda de competitividad obligan a una súper productividad que jamás el elemento humano alcanzará, y que por lo tanto las máquinas impostoras y las automatizaciones, llevarán la voz cantante, mientras la gran mayoría de personal podría ir quedando sin oficio y viviendo su propio proceso de duelo como rechazo social. Una jubilación súper temprana y sin chance de volver a la cotidianidad anterior.
Ya lo habíamos anunciado a finales del 2023 cuando nos adelantábamos a hablar de una nueva torre de babel, de nuevos derechos humanos, la gran tragedia del siglo XXI y hasta de sindicatos de robots o la ciudad del robot. Porque como siempre, hay que cuidar lo que nos da la productividad y el nuevo modelo para el retorno de la inversión.
Recientemente el mismo Papa León concuerda con el concepto que sugerimos en noviembre del 2023, de la nueva torre de babel, a referenciar la Inteligencia Artificial y la necesidad de que el hombre se empodere y defienda su derecho a la vida, a sus libertades y al trabajo. Todo esto amenazado, en este nuevo juego salvaje de la oferta y la demanda.
Pero nos mantenemos ciegos o con un uso intensivo y extensivo de anteojeras, y engatusados con los tantos hallazgos que la misma novedad nos va dejando ver, pues no se puede negar, que ofrece una cantidad de “espejitos”, que de repente nunca hubiésemos soñado transitar.
Pero claro y ahí es donde tal vez nos podríamos perder. Por ejemplo, el tipo de preguntas que una persona que se educó adquiriendo conocimientos mediante la lectura y la experimentación, serán siempre mucho mas incisivas y lograran mejores resultados, que las que puede formular una persona con poca historia, o referencia documental o vivencial. De todas maneras, en un mundo, donde se aplaude la apariencia, y se valoran tan poco la profundidad del conocimiento o la misma capacidad investigativa o de mantenerse “actualizados”, tiene que ser en la práctica un real diferenciador, si comparamos actores con las características comentadas.
En este contexto nos encontramos advirtiendo, que mientras estos procesos de un conocimiento ajeno se van dando, nos enfocamos en otros asuntos, y con ello prácticamente no nos damos ni cuenta del escenario que nos espera, teniendo que recorrer una aventura que arrebata al hombre propósito y lazos existenciales.
La doble moral se refleja con las iniciativas que se toman, donde nos concentramos en leyes y debates que no terminan de acordarse ni promulgarse, y mucho menos se comparten las agendas escondidas que son las que detienen los procesos.
En el fondo, el paradigma de la competitividad se ha vuelto a transformar, con una calidad innegociable y una súper productividad, para poder ofrecer los mejores precios y aún así, tener grandes beneficios. Sin esto, no habría negocios, no habría desarrollo, y solo los más fuertes podrían servirse con la cuchara grande.
Aunque también compartir esos “secretos de estado”, podrían alarmar a mucha gente y sumar alicientes a un plato que de por sí ya tiene bastante picante. Pero si a la doble moral y a la seria crisis de liderazgo, le sumamos un descontento generalizado, y una altísima rotación de personal gracias a la búsqueda de la súper productividad y una ventaja competitiva sostenible, entonces no sería difícil el comprender, ¿cómo se puede pasar de una de responsabilidad social hipócrita a un estado sin ley, es decir a la anomia social?. Los impactos son previsibles, pero preferimos no mirar y seguir con la “Jooka Social”.
El hombre que tarde o temprano luchará por sobrevivir, tomará acciones que hoy no se ven, pero que podrían alcanzar repercusiones en toda la humanidad, para defenderse y por el mismo inviolable instinto de conservación. Y no serán locos, ni será un tema de salud mental, sino hombres y mujeres dispuestas a dar la pelea por sobrevivir.
