Una avioneta se estrella contra el rascacielos más alto de Pekín
En la tarde del viernes, las sirenas comenzaron a romper el habitual murmullo del distrito financiero de Pekín mientras decenas de policías cerraban los accesos a la torre CITIC, el gigantesco rascacielos conocido por todos los pequineses como China Zun. Sobre el asfalto empezaban a aparecer pequeños restos metálicos y fragmentos de cristal. En las redes sociales chinas comenzó entonces a circular vídeos de lo sucedido: un pequeño avión había impactado contra el edificio más alto de la capital.
Horas después, la incertidumbre seguía siendo casi absoluta. Las autoridades chinas no habían confirmado oficialmente qué había ocurrido exactamente en la torre, situada en pleno corazón del distrito financiero de Guomao, ni habían informado sobre posibles víctimas o sobre el origen del incidente. Se desconoce si el accidente causó víctimas ni cuántas personas viajaban en la aeronave.
El enorme despliegue policial alimentó todavía más las especulaciones. Varios accesos permanecieron completamente acordonados, agentes uniformados alejaban a curiosos y periodistas y algunos policías impedían expresamente tomar fotografías del edificio.
La agencia Reuters informó de que faltaba un gran panel de cristal en una de las plantas superiores del rascacielos y confirmó el cierre de varias calles de la zona mientras continuaban las labores de inspección.

No se trata de un edificio cualquiera. Con sus 528 metros de altura repartidos en 109 plantas, la torre CITIC domina el perfil urbano de Pekín desde su inauguración en 2018. Su silueta, inspirada en un antiguo recipiente ceremonial chino para el vino —de ahí el sobrenombre de China Zun—, se ha convertido en uno de los símbolos del ascenso económico del país. En su interior trabajan miles de empleados de algunas de las mayores empresas estatales y privadas de China. Allí tiene además su sede el poderoso conglomerado estatal CITIC Group, uno de los gigantes financieros e industriales más influyentes del país.
El edificio alberga unas sesenta plantas de oficinas, una veintena de pisos con apartamentos de lujo y un hotel de alto nivel con cerca de 300 habitaciones. Desde su inauguración representa el corazón del distrito financiero de Pekín, situado justo enfrente de la inconfundible sede de la televisión estatal CCTV diseñada por Rem Koolhaas.
Precisamente por tratarse de uno de los edificios más emblemáticos de la capital, cualquier incidente adquiere inmediatamente una enorme dimensión política y simbólica. En un país donde la estabilidad y la imagen de control forman parte del discurso oficial, los grandes sucesos suelen gestionarse con un férreo control de la información desde los primeros minutos.

Eso pareció repetirse este viernes. Mientras las imágenes grabadas por testigos comenzaban a circular por Weibo, WeChat y otras plataformas chinas, numerosos usuarios denunciaban que los vídeos desaparecían pocos minutos después de ser publicados. También empezaron a multiplicarse las capturas de pantalla mostrando mensajes de error al intentar acceder a determinadas conversaciones relacionadas con el supuesto accidente. Algunas etiquetas vinculadas al incidente dejaron de ofrecer resultados poco después de convertirse en tendencia.
La rapidez con la que los censores actuaron alimentó aún más las especulaciones entre los internautas. «Si no ha pasado nada importante, ¿por qué están borrando los comentarios?», preguntaba un usuario antes de que también desapareciera su publicación. Otros comparaban el episodio con anteriores incidentes en China en los que la información tardó horas o incluso días en ser confirmada oficialmente.
Fuera del perímetro policial, decenas de personas permanecían observando desde la distancia. Algunos levantaban discretamente el teléfono móvil para intentar fotografiar la torre antes de que algún agente les ordenara seguir caminando. La escena contrastaba con la normalidad que, apenas unas calles más allá, seguía marcando el ritmo habitual del distrito financiero más importante de la capital china.
Por el momento, la versión que circula ampliamente en redes sociales sostiene que un pequeño avión habría impactado contra el rascacielos antes de que parte de sus restos cayeran sobre la calle. Sin embargo, esa información continúa sin haber sido confirmada oficialmente por las autoridades chinas, que tampoco han explicado el origen de los daños visibles en el edificio ni el motivo del extraordinario dispositivo policial desplegado alrededor de uno de los iconos del nuevo Pekín.
