Opinión

¡Cuidado con borrar la patria de las aulas dominicanas!

Por Ángel Puello

Hay informaciones que deberían estremecer a toda una nación. El reciente estudio presentado por la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), que advierte sobre el tratamiento de la identidad nacional en los textos de Ciencias Sociales, es una de ellas. No estamos hablando de un asunto menor ni de una simple discusión académica. Estamos hablando de lo que nuestros niños y adolescentes están aprendiendo sobre quiénes somos, de dónde venimos y cuánto costó construir la República Dominicana.  

La ADP sostiene que existe un deterioro en la enseñanza de la Historia Nacional y cuestiona que contenidos esenciales para comprender la dominicanidad hayan perdido presencia frente a otros temas. También ha advertido deficiencias en la disponibilidad de libros de Ciencias Sociales y otras materias básicas.  

Desde la Fundación Todo es Posible levantamos un grito de alerta.

¿Cómo pretendemos fortalecer el amor por la República Dominicana si debilitamos precisamente los instrumentos mediante los cuales nuestros niños comienzan a conocerla?

Un estudiante dominicano debe conocer el mundo. Debe estudiar América, Europa, África, Asia y comprender los grandes procesos de la humanidad. Una cosa no excluye la otra. Pero antes, durante y después de abrirse al mundo, necesita conocer profundamente su propia nación.

Necesita saber quiénes fueron Duarte, Sánchez y Mella; comprender la Independencia Nacional y la Restauración; conocer nuestros símbolos, nuestras luchas, nuestros valores, nuestra cultura y los sacrificios realizados para que hoy podamos llamarnos República Dominicana.

Preocupa todavía más que una discusión de esta magnitud pueda pasar prácticamente sin pena ni gloria.

Para otros asuntos aparecen inmediatamente marchas, movimientos, campañas y figuras buscando protagonismo. Sin embargo, cuando se plantea que puede estar debilitándose la presencia de nuestra historia en la formación escolar, la reacción nacional no parece guardar proporción con la gravedad de la advertencia.

Y ocurre precisamente cuando República Dominicana mantiene un intenso debate sobre migración, soberanía, frontera e identidad nacional. Por eso debemos ser extremadamente cuidadosos.

No afirmamos, porque el informe citado no lo demuestra, que exista un plan deliberado para borrar la dominicanidad de nuestros niños. Pero sí tenemos derecho a preguntar qué orientación educativa estamos construyendo y cuáles pueden ser sus consecuencias dentro de veinte años.

No confundamos esas preguntas con rechazo hacia otros pueblos. Defender la identidad dominicana no significa promover odio ni discriminación. Podemos respetar profundamente la dignidad de haitianos y de cualquier extranjero mientras defendemos con la misma firmeza nuestra soberanía, nuestras leyes, nuestra cultura y nuestra historia.

La escuela es precisamente donde esa conciencia debe comenzar.

Por eso este señalamiento de la ADP merece una explicación pública profunda del Ministerio de Educación, de historiadores, educadores, academias, padres y organizaciones sociales.

Hay decisiones educativas cuyos resultados no aparecen mañana. Aparecen dentro de una generación.

Cuando descubramos que un joven conoce perfectamente acontecimientos internacionales, pero apenas puede explicar quién fue Gregorio Luperón, qué significó la Restauración o por qué Duarte concibió una República libre e independiente, posiblemente será demasiado tarde para preguntarnos dónde comenzó el problema.

La patria también se protege enseñándola.

Y aquello que una generación deja de enseñar, la siguiente puede terminar dejando de defender.

angelpuello@gmail.com

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