¿Y para cuándo la imagen del Gobierno?
Por: Santos Aquino Rubio
La inversión del Gobierno en publicidad y otras formas de estar en contacto con los medios es cuantiosa, pero a la política de imagen de las ejecuciones del Estado le ha faltado el elemento de mayor importancia en su gestión y es, precisamente la de saber manejar su imagen, hacer llegar a los ojos y oídos de la población con efectividad lo que hace.
Hace muchos años sugerimos la estructuración de las políticas de imagen del Gobierno por gabinete, pero con medición efectiva, porque cuando lo positivo de una gestión llega a la población de menos acceso a los medios nacionales, la reputación se consolidad y nadie alegaría desconocer lo que está ante sus ojos.
Esta vez, ante el volumen de obras presentadas por el presidente en el discurso de rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional y el posterior alegato de desconocimiento de ciudadanos preguntados al respecto, nos da la razón.
Parte de esa millonaria inversión en publicidad que desde la sede del Gobierno o las agencias oficiales, llenan hasta los espacios que nadie ve, es preciso volcarla hacia las provincias y municipios con equipos de acceso a los medios locales y de contacto con la población, porque nadie cree lo que no ve y menos valora lo que a sus oídos no llega con credibilidad.
La imagen de un Gobierno, de una agencia o estructura del Estado no debe medirse solo por los grandes medios y su incidencia, sino por las acciones locales y del entorno que conviertan a los ciudadanos en testigos de primera línea de esas ejecuciones.
Los grandes sabios lo prevén todo, más aún, lo que engrosa sus arcas, pero la realidad de los pueblos, las regiones y las naciones se refleja cuando se produce una expresión y los resultados electorales se convierten en la respuesta irreversible ante la falta de previsión.
La reputación no se consigue con decir, es haciéndolo bien y que la gente bien lo sepa, no volcando recursos sin resultados medibles, porque una verdadera campaña de imagen debe contar con la aceptación de la gente o se queda en simple propaganda, cuando se trata del Estado y de un gobierno político. Hay que decir a la gente lo que se hace con certeza.
