Opinión

Los dos cumpleaños: el que celebra  y el que abraza el silencio.

Dos maneras bellas de celebrar la vida… y una invitación a respetar cómo cada quien late por dentro

Por : Angel Puello

Hay un detalle curioso que solo se entiende cuando uno cumple años y se mira por dentro con honestidad: no todo el mundo “celebra” de la misma manera. Y eso no es frialdad ni egocentrismo; es personalidad, historia, temperamento, forma de amar… y forma de ser amado.

Hoy, 2 de febrero, esperé casi al final del día para escribir y publicar estas líneas. Se me ocurrieron en la madrugada, como llegan las ideas que nacen desde la reflexión. Y sí: lo confieso sin drama y sin pose—yo, Ángel Puello, me parezco mucho al segundo tipo de persona. Pero antes de llegar ahí, hablemos de ambos, porque los dos son valiosos y los dos merecen respeto.

1) Los que sienten que su cumpleaños es “el día más grande del mundo”

Este primer grupo vive su cumpleaños como una fiesta interior que necesita voz, testigos, aplausos, abrazos, mensajes y señales. Les encanta que el calendario los señale, que la gente recuerde la fecha, que se note el cariño. A veces hasta parece que el mundo debe detenerse un segundo para decir: “¡Ey, hoy es tu día!”

Y ojo: eso no es vanidad barata. Muchas veces, desde la psicología más simple, ese impulso nace de algo hermoso: estas personas son altamente sensibles al afecto explícito. Para ellos, el amor se siente cuando se expresa. Un “felicidades” no es un protocolo; es una confirmación emocional. Les llena el alma que los recuerden porque, en el fondo, interpretan el recuerdo como pertenencia: “Estoy en tu vida, ocupo un lugar.”

Suelen ser personas sociables, cálidas, intensas, con alta energía para conectar. Les gusta reunir gente, crear ambiente, construir momentos memorables. Y sí, pueden tener una necesidad fuerte de validación… pero incluso eso, cuando se mira con nobleza, puede ser la cara humana de una verdad universal: todos queremos ser vistos. Ellos solo lo dicen en voz alta, sin vergüenza. Y eso también es valentía.

2) Los que prefieren que el cumpleaños pase tranquilo y casi invisible

Este segundo tipo es distinto, pero no menos luminoso. Hay personas que viven el cumpleaños como un espejo. Ese día no se trata de ruido: se trata de significado. En vez de pensar en el bizcocho, piensan en la vida. En vez de buscar mensajes, buscan respuestas. Se ponen más introspectivos, más selectivos, más silenciosos.

No es que odien el cariño. Es que a veces el “feliz cumpleaños” los enfrenta con el tiempo, con lo vivido, con lo pendiente. A algunos les afecta porque sienten el golpe de la cuenta de los años; a otros, porque el cumpleaños les despierta nostalgia, memoria, comparación, evaluación. Y aun así, su manera de celebrarse es profundamente espiritual: celebran pensando.

A este grupo le suele gustar la calma, lo privado, lo auténtico. Prefieren un mensaje íntimo a cien publicaciones. Prefieren un abrazo real a una bulla organizada. Y eso tampoco es frialdad: muchas veces es profundidad. Es gente que celebra hacia adentro, como quien enciende una luz y revisa su mapa personal. En este grupo me inscribo.

Al final, los dos están diciendo lo mismo… con idiomas distintos

El primer tipo dice: “Quiero sentirme amado en público.”

El segundo dice: “Quiero sentirme en paz en privado.”

Y ninguno actúa por maldad. Cada quien responde a su diseño emocional. Lo inteligente—y lo humano—es aprender a felicitar a la gente como esa gente necesita ser felicitada. A unos, con alegría visible. A otros, con respeto silencioso.

Hoy, en mi cumpleaños, lo dejo escrito: no hay una forma correcta de cumplir años. Hay formas distintas de honrar la vida. Y si la vida ya es suficientemente difícil, al menos en el cumpleaños deberíamos regalarnos algo básico: comprensión ,   y es que para muchos su cumpleaños es un día más de vida y para otros es un tiempo menos de vida en el reloj  de arena del tiempo.

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