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“Sabor invisible” Rodríguez será uno de los facilitadores de la 12.ª edición del Foro Gastronómico Dominicano

La técnica puede construir un plato perfecto. Pero, según el chef argentino Felipe Rodríguez, es el llamado “sabor invisible”, el cual se consigue con las habilidades blandas, lo que realmente convierte un restaurante en una vivencia inolvidable. 

“El plato puede ser impecable, pero si el equipo no está alineado, la experiencia se enfría antes de llegar a la mesa”, sostiene.

Con formación en el Instituto Argentino de Gastronomía (IAG) y estudios en Francia en la prestigiosa École Lenôtre, Rodríguez ha trabajado durante seis años en cocinas de alto nivel en Francia y Japón, incluyendo restaurantes con estrellas Michelin en Osaka, Tokio y Kioto.

 Esa travesía internacional le dejó una certeza: sin comunicación, empatía y adaptabilidad la excelencia técnica, no basta.

Rodríguez será uno de los facilitadores de la 12.ª edición del Foro Gastronómico Dominicano, organizado por la Fundación Sabores Dominicanos, que se celebrará el 14 de marzo en la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña, de 8:00 de la mañana a 5:00 de la tarde, bajo el lema ‘Habilidades blandas: ingredientes esenciales para una experiencia gastronómica’, en coordinación con directores, docentes de escuelas y universidades de Turismo y Hostelería del país.

El equipo por encima del ego

En su paso por Francia, aprendió el valor de la brigada como estructura de confianza. En Japón, donde trabajó en cocinas con apenas tres personas y jornadas de hasta 18 horas, entendió que el trabajo en equipo no es una opción, sino una cuestión de supervivencia

“El gran aprendizaje es priorizar el ‘nosotros’ sobre el ‘yo’. Motivar con reconocimiento, delegar con claridad y resolver los conflictos en el momento”, explica.

Advierte que uno de los errores más frecuentes en restaurantes es el “síndrome del chef estrella”: liderazgos autoritarios que deterioran el clima laboral, provocan alta rotación y afectan la creatividad. 

También señala la falta de empatía hacia las nuevas generaciones y el manejo inadecuado del estrés colectivo como factores que impactan directamente en la calidad del servicio.

Para Rodríguez, las habilidades blandas reducen el agotamiento profesional, fortalecen la colaboración y convierten el restaurante en un espacio donde las personas desean quedarse y crecer.

Cocinas resilientes en mercados competitivos

En un país con un sector turístico en expansión como República Dominicana, el desarrollo del talento humano se vuelve estratégico. Rodríguez considera que el país vive una gran oportunidad: una generación joven, apasionada y con potencial para proyectarse internacionalmente.

Sin embargo, identifica retos importantes, como la necesidad de fortalecer la formación en mandos medios y promover programas estructurados que integren aprendizaje activo, pensamiento crítico y adaptabilidad.

“Un equipo preparado para anticipar problemas es un equipo resiliente. La adaptabilidad convierte el caos en oportunidad”, afirma.

En su taller trabajará dinámicas prácticas como simulaciones de picos de servicio y ejercicios de role-playing, herramientas que —asegura— permiten que el aprendizaje “se pegue” en la experiencia real y no quede solo en la teoría.

La experiencia que fideliza

Más allá de la cocina, el impacto se siente directamente en el cliente. Un maître empático puede transformar una espera en una anécdota agradable. 

Un cocinero adaptable puede salvar la experiencia de un comensal con restricciones alimentarias. Son detalles que generan lealtad, reputación y competitividad.

“Hoy no se compite sólo con comida. Se compite con emociones”, subraya. En un mercado gastronómico cada vez más exigente, invertir en personas se traduce en sostenibilidad empresarial y proyección internacional. Para Rodríguez, la gastronomía es un arte colectivo donde el crecimiento personal precede al profesional.

La apuesta de la Fundación Sabores Dominicanos, no es casual. Desde hace más de una década, la institución ha asumido el compromiso de fortalecer el ecosistema gastronómico nacional, promoviendo formación, investigación y espacios de reflexión que eleven la calidad y competitividad del sector.

 Al colocar las habilidades blandas en el centro del debate, la Fundación reafirma su visión integral: no basta con cocinar bien, hay que saber liderar, comunicar y construir equipos sólidos.

Con iniciativas como el Foro Gastronómico Dominicano, la entidad continúa impulsando acciones concretas para que la gastronomía dominicana, además de conquistar paladares locales, se pasee con identidad y excelencia por los escenarios internacionales. Porque cuando el talento humano se fortalece, el país entero avanza en su proyección global.

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