Alofoke y Trujillo: los dos outsiders que podrían sorprender en las elecciones presidenciales del 2028
Por : Diogenes Amparo
En medio del intenso debate sobre quiénes podrían disputar la Presidencia de la República en 2028, existe un fenómeno que los partidos tradicionales harían mal en subestimar: una parte importante de los dominicanos quiere algo diferente.
El desencanto con la política tradicional, el número todavía elevado de ciudadanos sin candidato definido y la fuerza adquirida por las redes sociales han creado condiciones para el surgimiento de figuras que vienen desde fuera de las estructuras políticas convencionales.
A nuestro juicio, cuando observamos las conversaciones digitales, escuchamos lo que se comenta en barrios, colmados, negocios, esquinas y reuniones familiares, encontramos dos nombres que sobresalen entre los llamados outsiders: Santiago Matías “Alofoke” y Ramfis Domínguez Trujillo.
Son completamente diferentes. Tienen fortalezas, debilidades y públicos distintos. También despiertan controversias muy particulares.
Santiago Matías no es Político y sé le conoce cómo empresario digital construyo
desde abajo un poderoso ecosistema digital, entiende como pocos la comunicación de esta época y posee una conexión extraordinaria con sectores jóvenes y populares.
Su principal fortaleza es precisamente aquello que sus adversarios convierten en debilidad: su estilo.
Habla directamente, confronta, improvisa, provoca controversias y genera millones de interacciones. Sus críticos consideran que determinadas expresiones, enfrentamientos y excesos propios del entretenimiento digital no corresponden al comportamiento esperado de un presidente. También existe una pregunta electoral legítima: ¿los views se convierten en votos?
Tener millones de reproducciones no significa automáticamente poseer millones de electores.
Pero sería igualmente equivocado minimizar lo construido por Alofoke. Varias encuestas divulgadas en en un escenario presidencial, colocan a Matias por encima de varias figuras establecidas de la política nacional.
Además, Matías ya decidió dar el salto de la conversación digital hacia la organización política. Anunció la creación de su propia organización con miras a 2028 y comenzó un proceso de recolección de firmas y recorridos territoriales buscando el reconocimiento correspondiente.
Ahí estará su verdadera prueba: demostrar que puede transformar seguidores en militantes, viralidad en estructura y popularidad digital en votos.
El segundo fenómeno es Ramfis Domínguez Trujillo.
Ramfis no es Político tradicional , es empresario que ha llegado a la pokitoca.Su apellido constituye simultáneamente una extraordinaria fuente de reconocimiento y su mayor controversia. Ser nieto de Rafael Leónidas Trujillo provoca inevitablemente pasiones encontradas en una sociedad que todavía debate aquel período histórico.
Sus adversarios preguntan si detrás del concepto de “mano dura” podría existir alguna inclinación autoritaria. Sus seguidores responden que es impossible ya qué Ramfis se ha formado políticamente dentro de una cultura democrática y que sus planteamientos públicos actuales deben juzgarse por lo que propone, no solamente por su ascendencia.
Hay incluso una paradoja interesante. Ramfis ha planteado públicamente descentralizar el Estado dominicano, argumentando que precisamente su abuelo consolidó el modelo centralizado que gobiernos posteriores nunca terminaron de desmontar. Ha llegado a presentarse como alguien que pretende eliminar los últimos vestigios institucionales de aquella centralización.
Además, el propio Partido Esperanza Democrática establece entre sus principios el rechazo a las doctrinas totalitarias y a cualquier forma de dictadura.
Ramfis ha construido su discurso alrededor de problemas concretos: migración haitiana, delincuencia, seguridad ciudadana, costo de la vida, corrupción, soberanía nacional y necesidad de imponer orden.
La expresión “mano dura” se ha convertido prácticamente en su sello político, acompañada de un mensaje que procura combinar autoridad con sensibilidad social.
Tiene además una ventaja objetiva frente a Matías: ya posee estructura partidaria reconocida. La Junta Central Electoral otorgó reconocimiento al Partido Esperanza Democrática (PED) mediante la Resolución 24-2023, después de determinar que había cumplido los requisitos legales correspondientes.
Pero Ramfis también tiene grandes desafíos. Necesita ampliar su discurso mucho más allá del voto nacionalista donde muchos lo ven favorito en ese nicho. Ademas debe Ramfis convencer a sectores que rechazan profundamente el legado histórico de su abuelo y demostrar capacidad para conquistar electores independientes, jóvenes y segmentos moderados que quizás compartan algunas de sus propuestas, pero mantienen reservas frente al apellido Trujillo.
Alofoke y Ramfis tienen, por tanto, problemas inversos.
Alofoke posee una gigantesca maquinaria comunicacional, pero todavía necesita convertirla en maquinaria electoral. Ramfis posee partido, discurso político definido y años recorriendo el escenario público, pero necesita romper definitivamente el techo que puede imponerle la polarización histórica de su apellido.
Los dos tienen algo que difícilmente se fabrica mediante publicidad: generan conversación.
Y en política eso vale mucho.
Lo que estamos diciendo no pretende convertirse en una profecía ni en una encuesta científica. El propio lector puede hacer el ejercicio. Pregunte entre familiares, amigos, compañeros de trabajo, comerciantes, jóvenes, profesionales y personas de diferentes sectores sociales cuáles figuras verdaderamente externas a la política tradicional podrían dar una sorpresa presidencial.
Probablemente los nombres de Ramfis y Matias aparecerán repetidamente.
Naturalmente, estamos todavía muy lejos de mayo de 2028. Las encuestas actuales representan fotografías del momento, no sentencias electorales.
A Santiago Matías le falta muchísimo camino. A Ramfis Domínguez Trujillo también.
Uno debe construir y legalizar definitivamente su instrumento político; el otro debe ampliar considerablemente su base electoral. Ambos tendrán que presentar equipos, propuestas creíbles y demostrar que detrás de la popularidad existe capacidad para gobernar una nación.
Por eso sería prematuro afirmar quién llegará más lejos.
Pero también sería un error de la política tradicional ignorarlos y descartarlos en el camino hacia la presidencia.
Si en 2028 aparece una verdadera sorpresa electoral proveniente de fuera del establecimiento político dominicano, hoy los dos nombres que merecen ser observados con mayor atención son Santiago Matías “Alofoke” y Ramfis Domínguez Trujillo.
El tiempo dirá hasta dónde pueden llegar.
Y este análisis tendrá, necesariamente, una segunda parte dentro de algunos meses.
