Opinión

Migración, humanidad y soberanía: una reflexión necesaria

Por Ángel Puello

Presidente de la Fundación Todo es Posible

El artículo “Hermanos migrantes del planeta”, de Rafael Acevedo, publicado en el periódico Hoy, merece ser leído porque plantea una realidad humana que no puede ignorarse: millones de personas en el mundo abandonan sus países por pobreza, violencia, hambre, falta de oportunidades o crisis políticas. Esa situación debe movernos a la reflexión, porque detrás de cada migrante hay una historia, una familia, una necesidad y muchas veces una tragedia.

Ahora bien, apoyar la mirada humana de Rafael Acevedo no significa defender la presencia ilegal de extranjeros en la República Dominicana. Debo decirlo con toda claridad: no defendemos la inmigración ilegal. En el caso dominicano, la presencia masiva de haitianos indocumentados se ha convertido en un problema grave que afecta profundamente al país y que debe ser enfrentado con responsabilidad, firmeza, orden y respeto a la ley.

Rafael Acevedo plantea una situación global: seres humanos desplazados por circunstancias difíciles, obligados a buscar en otras tierras lo que no encuentran en la suya. Esa realidad existe y debe ser reconocida. Pero también existe otra realidad: ningún país puede sostener indefinidamente una presión migratoria irregular sin consecuencias sociales, económicas, institucionales y culturales.

En República Dominicana, la inmigración ilegal haitiana afecta los servicios públicos, especialmente hospitales, escuelas, empleo informal, seguridad, registro civil, control fronterizo, convivencia comunitaria y presupuesto nacional. Muchos dominicanos pobres compiten por servicios limitados mientras el Estado carga con una presión que no puede resolver solo. Además, en algunas comunidades la presencia irregular ha cambiado la dinámica social, laboral y territorial, generando preocupación legítima entre ciudadanos que sienten que sus barrios y campos se transforman sin control.

Por eso, la solución no puede ser el odio, pero tampoco la ingenuidad. Debe haber humanidad con el migrante, pero también defensa de la soberanía dominicana. Debe haber respeto a la dignidad humana, pero también aplicación firme de la ley migratoria. Debe haber cooperación internacional, pero no imposición a República Dominicana para que cargue sola con la crisis haitiana.

Apoyo el artículo de Rafael Acevedo porque nos recuerda que el migrante es un ser humano. Pero desde nuestra realidad nacional, también afirmo que la República Dominicana tiene derecho a proteger su territorio, su identidad, sus recursos y su estabilidad.

Invito a leer “Hermanos migrantes del planeta”, en el periódico Hoy, porque ayuda a reflexionar sobre el drama humano de la migración, sin que eso nos obligue a renunciar a una posición clara: solidaridad sí, ilegalidad no.

https://hoy.com.do/opinion/hermanos-migrantes-planeta_1100074.html