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¿Cuáles son los puntos de mayor sensibilidad ecológica de la cordillera Septentrional?

 Es valiosa y muy sensible de cabo a rabo, vale decir, en toda su extensión, por ser el único sistema montañoso de los cuatro principales, netamente dominicano y relativamente bajo. Esta cadena de montañas que nace húmeda en Nagua y muere desértica en Montecristi, a penas superan un kilómetro de altitud, mientras que sus homólogas, todas nacen en Dominicana y mueren en Haití, pero alcanzando elevaciones que superan los dos kilómetros de altura e incluso, la Central que rebasa los tres kilómetros verticales.

Esta orografía tan abrupta resulta ser maravillosamente ventajosa para cualquier isla caribeña y, en particular, La Española, que supera a todas la Antillas Mayores y, desde luego, a las Antillas Mayores. Pero, desde el punto de vista ecológico, lo más interesante y paradógico, si nos detenemos a observar solo el parámetro de la elevación sobre el nivel del mar, es que la Septentrional, a pesar de ser la más baja, es la que gobierna con mayor fuerza el patrón climático de la isla, al ser el primer muro de contención de vientos alisios que provienen del océano Atlántico, con toda la carga de humedad que baña la isla.

De ahí que las montañas de Guaconejo, La Canela y Quita Espuela constituyen la principal mina de agua del país, seguidas por La Jíbara de Salcedo, el Mogote de Moca y Diego de Ocampo de Santiago; para completarse con Loma de Jicomé de Guananico, muy próxima a Los Hidalgos de La Isabela y Solimán entre Valverde y Monte Cristy. Estas tres porciones de la Septentrional, concentran las muestras más representativas de bosques nublados que dan origen a casi todas las fuentes de agua que se desprenden por encanto de estas cumbres montañosas.

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