Opinión

La economía de los tokens requiere una gobernanza colectiva de los datos

Por: Yaniv Benhamou

Durante más de dos décadas, las plataformas digitales han monetizado nuestra atención y nuestras interacciones sociales. Pero los modelos de inteligencia artificial actuales extraen valor de otra fuente: nuestro conocimiento colectivo. Cada artículo, fotografía, código, video y comentario publicado en internet puede convertirse en datos de entrenamiento —billones de los llamados tokens— y, en última instancia, en valor.

Llamo a esta nueva fase del capitalismo digital la “economía de los tokens”. La economía de la atención extraía valor captando nuestra atención; la economía de los tokens extrae valor transformando el conocimiento y la creatividad humanos en datos para entrenar modelos de inteligencia artificial.

Dado que la economía de los tokens se construye a partir de contenidos producidos por millones de usuarios de internet, las reglas que rigen los datos utilizados para entrenar la IA no pueden quedar en manos de un puñado de empresas tecnológicas. Si el conocimiento humano colectivo se ha convertido en una de las fuentes indispensables de valor de la IA, debería ser administrado como un bien común digital. Se necesitan nuevas instituciones que negocien el acceso colectivo a ese recurso y garanticen que el valor que genera se distribuya de manera más justa.

Aunque, en teoría, algunas personas podrían ejercer individualmente sus derechos de licencia o dar su consentimiento para el uso de sus datos en el entrenamiento de IA, ningún usuario tiene el poder de negociar directamente con OpenAI, Anthropic, Google o Meta. Simplemente son demasiado débiles para enfrentarse a empresas tecnológicas con un enorme poder de mercado, del mismo modo que un trabajador individual no puede negociar en igualdad de condiciones con un gran empleador.

Las organizaciones de gestión colectiva surgieron hace más de un siglo precisamente para cubrir esta necesidad. Han negociado licencias en nombre de millones de autores y artistas, recaudado regalías y redistribuido los ingresos de acuerdo con reglas transparentes. Debido a su amplia presencia en las industrias creativas, la idea de que un músico reconocido tuviera que negociar un acuerdo por separado con cada emisora de radio y plataforma de streaming que reproduzca sus canciones parece absurda.

La economía de los tokens requiere una respuesta institucional comparable para gestionar los bienes comunes digitales. Una posibilidad es establecer cooperativas de datos que representen a los usuarios de internet, creadores y otros titulares de derechos. Estas podrían negociar el acceso a los contenidos que se suministran a los grandes modelos de lenguaje, determinar cómo se distribuirá el valor resultante y garantizar que las empresas tecnológicas respeten las decisiones de sus miembros.

Pero su función podría ir más allá de la compensación económica. La cuestión central ya no es únicamente quién recibe el pago, sino también quién tiene derecho a decidir. A través de estas cooperativas, los miembros podrían determinar colectivamente las condiciones bajo las cuales los desarrolladores de IA pueden acceder a sus datos, contribuyendo a definir los valores incorporados en estos sistemas y garantizando que sirvan al interés público. En lugar de ser fuentes pasivas de datos, los ciudadanos se convertirían en partes interesadas en la gobernanza de la IA.

No se trata de una propuesta puramente teórica. Los mercados de datos de entrenamiento ya existen; la verdadera cuestión es quién los supervisa. Reddit ha establecido acuerdos de licencia de datos con Google y OpenAI, lo que demuestra el valor de los contenidos generados por los usuarios. Periódicos como el Financial Times, Le Monde y The Washington Post también están monetizando sus archivos para el entrenamiento de IA. En toda Europa, iniciativas de cooperativas de datos como MIDATA, en Suiza, y SalusCoop, en España, demuestran que la gobernanza colectiva de los datos ya se está convirtiendo en una realidad práctica, aunque estos modelos apenas comienzan a aplicarse a los datos utilizados para entrenar sistemas de IA.

Por supuesto, los críticos objetarán que la complejidad de un sistema de este tipo haría que fuera demasiado difícil de administrar. Pero ese argumento resulta menos convincente en la actual economía de los tokens que en la economía de la atención, por dos razones. Primero, las herramientas digitales permiten cada vez más identificar conjuntos de datos, rastrear su utilización y automatizar las remuneraciones con costos de transacción significativamente menores. Segundo, muchas de las industrias cuyos productos sirven para entrenar modelos de IA —especialmente la edición, la música y el software— ya cuentan con instituciones capaces de negociar en nombre de los creadores.

Además, la complejidad nunca ha impedido la gestión colectiva de derechos. Las sociedades de gestión de derechos de autor llevan mucho tiempo distribuyendo regalías de acuerdo con métodos estadísticos previamente establecidos, en lugar de intentar medir con exactitud la participación de cada contribuyente. La gobernanza de los datos debería seguir principios similares. En la industria musical, los identificadores estandarizados ya permiten rastrear las obras a escala mundial y distribuir automáticamente los ingresos. Mecanismos similares podrían hacer gradualmente de la gobernanza colectiva de los datos una solución realista y escalable.

El statu quo, por el contrario, resulta cada vez más difícil de justificar. Millones de personas generan continuamente la materia prima de la que depende la IA, pero casi ninguna participa de la riqueza que esta crea, mientras un puñado de empresas captura la mayor parte de los beneficios económicos.

Internet se construyó mediante la participación colectiva. La economía de los tokens debería ser gobernada de la misma manera. El próximo desafío no consiste simplemente en construir herramientas de IA más poderosas, sino en garantizar que las personas cuyo conocimiento las hace posibles también participen en la gobernanza de las instituciones que organizan su uso. La economía de la atención creó un puñado de gigantes tecnológicos. La economía de los tokens debe ahora crear instituciones que distribuyan de manera más amplia tanto el valor económico como el poder de decisión.

Yaniv Benhamou, profesor de Derecho Digital, de Autor y de la Información en la Facultad de Derecho de la Universidad de Ginebra, es autor de Creative Value Chains: Copyright and Beyond for a Better Value Distribution (Bristol University Press, 2026).

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