Opinión

Lo difícil de gestionar un Estado

Por: Santos Aquino Rubio

Gobernar un Estado, en una democracia representativa, es una tarea difícil para cualquier ser humano cuyo interés sea la defensa de la soberanía, los interés nacionales y la protección social, por la debilidad que se registra en los poderes que los conforman y los grupos depresión.

A esto se suma el concepto errado de partido político como fuente de poder y de riqueza a expensas del Estado, pues la corrupción se convierte en el primer aliado y suele importar más la organización y sus estructuras que la nación.

Claro está, en el caso dominicano el poder se cimenta en tres columnas de mando que son el Legislativo como fuente de las leyes y su fiscalización; el Judicial, que vigila, juzga y tratar de hacerlas cumplir y el Ejecutivo, que tiene la administración del Estado, la protección del Erario y aplicar las políticas de bienestar social por medio de los ministerios y agencias creados a los fines.

Sin embargo, cada una de estas columna en que se cimenta el Estado, tiene como debilidad la dependencia total de los partidos, la presión de los grupos sociales, empresariales, gremiales, los llamados de presión que ahora incluye a las redes sociales, cuya capacidad de incidencia es insondable y, en muchas de las cuales, cualquiera es emperador y el sicariato moral encuentra cuna, no para matar personas, sino para asesinar honras.

Por preocupado que sea un gobernante y buenas sus intenciones de proyectar el país, fortalecer su economía, cultura y bonhomía, sus acciones sucumben ante ese poder arrollador que siempre consigue aliarse para que el desorden predomine, proteger sus intereses y pescar en río revuelto.

Aspirar a presidente es un compromiso difícil, sobre todo, porque quienes aplauden en principio son primeros en repudiar cualquier acción colectiva, si sus intereses no son protegidos y cada decisión del ejecutivo es atacada con furia, si no conviene al contrario y entonces entran en acción los enemigos la patria, organismos anti dominicanos y los criollos traidores que atacan hasta su propio bienestar a cambio de unas monedas aunque sean de cobre.

La confrontación comienza, los partidos, gremios, grupos, movimientos y “líderes de opinión” calientan sus cañones para la gran batalla del 2028 y colocar las catapultas de su interés, para que caigan exactamente del lado que les favorezca. La batalla comienza.

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