Nikauly de la Mota: cuando la coherencia vale más que cualquier cheque
Hay comunicadores que triunfan por su talento, pero muy pocos logran convertirse en referentes por la firmeza de sus principios y la autenticidad con la que defienden sus convicciones.
Por : ÁNGEL PUELLO
Dentro de los artículos que acostumbro escribir sobre personas a las que les profeso admiración, respeto y un sincero afecto, en esta ocasión deseo dedicar estas líneas a una mujer que, desde sus primeros pasos en la comunicación, llamó poderosamente mi atención. Me refiero a Nikauly de la Mota, una profesional cuya evolución ha confirmado, con el paso de los años, aquello que muchos percibimos desde sus inicios: estaba destinada a dejar una huella propia.
Tuve la oportunidad de conocerla cuando apenas comenzaba su carrera, en los tiempos de la producción de Sabor Corporal. Era una joven inquieta y con un brillo especial en la mirada. Poseía algo que no se enseña en ninguna universidad: la capacidad de conectar con la gente desde la autenticidad. El tiempo, una vez más, terminó dando la razón.
Hoy, cuando se habla nuevamente de ella por actuaciones que reflejan fidelidad a sus principios, considero oportuno detenernos a valorar un aspecto que muchas veces pasa desapercibido en el mundo de la comunicación. Vivimos en una época donde con frecuencia se premia la inmediatez, la rentabilidad y el beneficio económico por encima de las convicciones. Sin embargo, todavía existen comunicadores capaces de recordar que la credibilidad también tiene un precio y que, en ocasiones, mantenerla implica renunciar a oportunidades que otros aceptarían sin pensarlo.
Más allá de cualquier circunstancia puntual, lo verdaderamente importante es el mensaje que transmite una conducta guiada por los valores. Cuando una figura pública demuestra que sus principios ocupan el primer lugar, envía una poderosa señal a toda la sociedad, especialmente a los jóvenes que observan y aprenden de quienes ocupan espacios de influencia.
Pero reducir a Nikauly de la Mota únicamente a ese aspecto sería injusto. Su trayectoria habla por sí sola. Ha construido una carrera como comunicadora, presentadora y productora con profesionalismo, preparación y una notable capacidad de reinventarse. Ha sabido mantenerse vigente en un medio altamente competitivo, donde permanecer durante tantos años exige talento, disciplina, credibilidad y una extraordinaria capacidad de adaptación.
Igualmente valioso ha sido su permanente interés por las causas sociales. A lo largo de su carrera ha respaldado iniciativas solidarias, ha dado voz a personas que pocas veces encuentran espacios para ser escuchadas y ha demostrado sensibilidad frente a los problemas que afectan a la población. Esa dimensión humana es, quizás, una de sus mayores fortalezas.
Siempre he visto en ella una mujer profundamente comprometida con el país. Sus inquietudes trascienden los estudios de televisión. Le preocupa el rumbo de la sociedad, el bienestar de las familias, la formación de valores y el fortalecimiento de una ciudadanía más consciente y participativa. Esa visión explica por qué, en diferentes momentos, ha asumido responsabilidades en la vida pública y por qué muchos consideran que todavía tiene mucho que aportar desde espacios de mayor incidencia nacional.
La República Dominicana necesita mujeres que inspiren desde el ejemplo. Mujeres que entiendan que el liderazgo no consiste únicamente en ocupar posiciones, sino en influir positivamente sobre los demás. Nikauly pertenece a ese grupo de comunicadoras que han comprendido que la verdadera autoridad moral se construye con coherencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que finalmente se hace.
Su historia también representa un estímulo para quienes comienzan en los medios de comunicación. Demuestra que es posible crecer profesionalmente sin renunciar a la preparación, al trabajo constante ni a los principios que forman el carácter de una persona. El éxito sostenido rara vez es producto de la casualidad; normalmente es la consecuencia de años de disciplina, perseverancia y amor por lo que se hace.
Estoy convencido de que lo alcanzado hasta ahora constituye apenas una parte de todo lo que aún puede ofrecerle al país. Su experiencia, su madurez profesional, su sensibilidad social y su capacidad de liderazgo le permiten mirar hacia nuevos desafíos con la misma pasión que mostró cuando era aquella joven llena de sueños que conocí hace tantos años.
El tiempo seguirá escribiendo nuevas páginas en la historia de Nikauly de la Mota. Y si algo me enseñó haber observado su crecimiento desde sus primeros pasos, es que las personas que trabajan con autenticidad, con fe y con profundo compromiso humano siempre terminan encontrando un lugar privilegiado en el corazón de la gente y en la historia de su nación.
