Austeridad en la crisis
Por: Santos Aquino Rubio
Cuando las crisis llegan sin avisar, la gestión empresarial o del Gobierno deben recurrir a los recursos alcanzables para lograr soportar los efectos directos y las secuelas que suelen dejar sin importar la causa u origen.
En el caso dominicano, desde el inicio de la presente década las crisis de salud, los fenómenos atmosféricos y los efectos de las confrontaciones bélicas en Medio Oriente, Rusia y Ucrania y sus efectos sobre las materias primas, los carburantes y los precios, han causado un duro golpe para la economía. Las fuerzas del país han sido convocadas en cada caso como dominicanos, para procurar acciones de visión conjunta que disminuyan los efectos sobre la clase media y la población más vulnerable, sin que el proselitismo y el oportunismo partidario pesquen en río revuelto.
Como el burro lo aguanta todo, la población de menos ingresos debe soportar la carga que generan esos fenómenos y, generalmente no son auxiliados como se anuncia o estipula, porque las compensaciones, a veces, se quedan en los planos medios y no llegan a los verdaderamente afectados.
Esto plantea, ahora más que nunca, una revisión profunda en los programas sociales del Gobierno, a quienes llegan los beneficios de las tarjetas Solidaridad, Supérate y otras acciones sociales, que sólo marcan el clientelismo.
El barrilito y dietas lujosas a los legisladores, no hay razón para que existan, porque solo engrosan sus bolsillos, los subsidios a empresas que no generan riquezas reales, pero los programas de viviendas, las pensiones solidarias y otras reivindicaciones sociales, para hacer justicia con la población que todo lo padece y muy poco recibe, deben ser canalizados con enfoque justiciero.
La distribución equilibrada de la publicidad, la asignación de obras y el ajuste en los proyectos del Gobierno para las 31 provincias y el Distrito, deben colocarse ahora en la balanza, aprovechando la crisis, para que a la salida del problema, todos podamos seguir en paz y el país continúe su ritmo de crecimiento con justicia y equidad. La Patria requiere de todos sus buenos hijos y en estos tiempos difíciles nos llama a reflexión. No le fallemos.
