Therian en RD: cuando el miedo se viraliza y la convivencia se pone a prueba
Por: Dora Pariente
Cada cierto tiempo, la sociedad se topa con una palabra nueva y, en lugar de entenderla, la convierte en sentencia. La palabra se vuelve tendencia, se repite sin contexto, y en cuestión de horas aparece el veredicto colectivo: “eso es peligroso”, “eso es una amenaza”, “eso hay que frenarlo”.
Ahora el turno le ha tocado a “therian”.
Y lo primero que quiero decir —sin rodeos— es esto: una identidad, una estética o una forma de expresión no es una amenaza por defecto. La amenaza, si existe, no vive en la etiqueta. Vive en la conducta: el acoso, la violencia, la manipulación, la incitación al odio, el daño a terceros. Lo demás, muchas veces, es ruido. Y el ruido, mezclado con miedo, se vuelve combustible social.
El verdadero riesgo no es “therian”: es cómo reaccionamos En República Dominicana (y en buena parte de nuestra región) tenemos un patrón: cuando algo no se entiende, se estigmatiza;cuando se estigmatiza, se persigue; cuando se persigue, se empuja a la clandestinidad; y cuando se empuja a la clandestinidad, aumentan los riesgos reales.
¿Riesgos reales? Sí. Pero no porque alguien use orejas, cola, máscara o diga que siente una conexión interna con un animal. El riesgo aparece cuando:
- se desata una ola de bullying escolar y humillación pública,
- se crean “cacerías digitales” para exhibir adolescentes,
- se alimenta el pánico moral que termina justificando agresiones,
- se abren espacios de vulnerabilidad donde entra el grooming, la manipulación y el abuso.
En resumen: la amenaza no es el fenómeno; la amenaza es el entorno que construimos alrededor del fenómeno.
Gobernanza de la convivencia: reglas claras, trato digno Yo trabajo con procesos, calidad y sistemas. Y hay una verdad que aplica igual a una empresa que a una comunidad: lo que no se gestiona, se desborda.
Entonces, si queremos responder con madurez, la pregunta no es “¿qué hago con los therian?”, sino: ¿cómo garantizo convivencia y seguridad sin atropellar dignidades?
1) Regla de oro: se regula la conducta, no la identidad
En escuelas, comunidades, iglesias, clubes, parques, redes sociales: el estándar debe ser sencillo y aplicable para todos:
- Respeto: cero acoso, cero humillación.
- Seguridad: nada que ponga en riesgo a otros.
- Consentimiento: límites claros de contacto, fotos, grabaciones.
- Responsabilidad: si hay daño, hay consecuencias.
Esto no solo protege a quienes se identifican como therian. Protege a toda la comunidad.
2) Del chisme a la educación: alfabetización digital y emocional
Hoy un rumor viaja más rápido que un hecho. Y cuando un tema se viraliza, la sociedad
necesita herramientas, no gritos. Preguntas básicas que deberían enseñarse en casa y en la escuela:
¿Cómo verifico información antes de compartirla?
¿Cómo distingo “me incomoda” de “me amenaza”?
¿Cómo convivo con lo distinto sin perder mis valores?
Eso es prevención real. Eso es madurez social.
3) Dignidad humana: no todo lo que no comprendo es “patología”
La sociedad tiene una facilidad peligrosa para diagnosticar desde un comentario o un meme.
No todo lo raro es enfermedad. No todo lo distinto es riesgo. No todo lo nuevo es decadencia.
Si una persona —especialmente un adolescente— está explorando identidad, pertenencia o expresión, lo más inteligente es escuchar antes de etiquetar. Y si hay señales de sufrimiento marcado (aislamiento extremo, ansiedad intensa, ideas de daño, autolesión), se acompaña como lo que es: un tema de salud y apoyo, no un espectáculo para burlas.
“¿Y si esto fuera una amenaza?”: el filtro correcto
A quien insiste en llamarlo amenaza, yo le devuelvo una pregunta técnica (y humana):
¿amenaza en qué sentido?
¿Hay intención explícita de daño?
¿Hay objetivos concretos (persona, escuela, lugar, fecha)?
¿Hay incitación al odio o a la violencia?
¿Hay acoso, doxxing, grooming, persecución?
Si no hay conductas concretas, lo que queda es miedo. Y gobernar desde el miedo es el camino más corto hacia la injusticia.
Propuesta mínima para RD: un protocolo de convivencia
Sin dramatizar, sin minimizar, sin linchar. Si yo tuviera que proponer una respuesta práctica para escuelas y comunidades, sería:
No difundir pánico: lo que se reporta debe ser verificable, no “me dijeron”.
Cero bullying: campaña y sanción real al hostigamiento.
Normas de espacios: si hay encuentros o actividades, reglas claras de seguridad, consentimiento y respeto.
Canales formales: si hay acoso o amenazas, se reporta por vías institucionales.
Acompañamiento: orientación a familias, docentes y estudiantes; apoyo psicológico cuando corresponda.
Capacitación: alfabetización digital y manejo de conflictos para adultos responsables.
Eso es “calidad” aplicada a la convivencia: prevenir, medir riesgos reales, actuar con ética y mejorar continuamente.
La pregunta final no es “¿hay therian en RD?”
La pregunta que sí importa es: ¿qué tipo de sociedad somos cuando aparece algo distinto?
¿Una que escucha y organiza… o una que persigue y rompe?
Porque hoy es “therian”. Mañana será otra etiqueta. Y si no aprendemos a responder con humanidad, gobernanza y ética, repetiremos el mismo ciclo: viralidad → miedo → estigma → daño. Yo apuesto por una República Dominicana donde la diferencia no sea sinónimo de peligro, y donde la seguridad no sea excusa para el abuso.
Convivir no es estar de acuerdo con todo. Convivir es respetar límites y dignidades. Y eso sí es una revolución. Una que empieza en cómo hablamos.
tomado de el periodico El Hoy
